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jueves, 10 de julio de 2014

"El Hacer" de la Sahumadora o el Sahumador



Ser Sahumadora es un privilegio que da la oportunidad de servir, con el propósito de brindar equilibrio a las personas, a los lugares y a ella misma. La Sahumadora elige un camino que será de continuo aprendizaje. Las experiencias serán únicas y personales. A través del trabajo con los elementos, recibirá dones, beneficios y responsabilidades.
Se convierte en una guerrera y su incensario en el instrumento que le permitirá enfrentarse al conocimiento y la trascendencia de los límites impuestos en la vida cotidiana u ordinaria.
En el Hacer del sahumador, un primer nivel se refiere a las formas, dicho de otra manera, al mundo de lo material, del tonal. Es sencillo de transmitir y de experimentar. El siguiente nivel lleva a la apreciación de las manifestaciones sutiles del Espíritu.
Pedimos a quienes desean conocer el Hacer de la sahumadora, abran los ojos del corazón y liberen su mente de concepciones mecánicas y aprendidas.
Hablamos en femenino porque es una práctica mayormente reservada a las mujeres, aunque también la ejercen los hombres que deciden aprender a través de este camino.
El incensario representa el vientre que contendrá los carbones encendidos, ese fuego primordial, recibirá el incienso de copal y las diferentes hierbas medicinales y aromáticas.
Hay dos tipos de incensarios: el popoxcomitl y el tlemaitl.

Se considera al popoxcomitl como un recipiente femenino, por la forma de copa. Un vientre que se sostiene por el “cuello del útero” o base.

El tlemaitl (tetl, fuego y maitl, mano), está formado por el recipiente que contiene los carbones y una extensión que permite a la sahumadora sostenerlo. Su forma sugiere los dos principios: el femenino (depósito) y el masculino (extensión o mango para sostenerlo). De alguna manera simboliza la alianza de lo masculino y lo femenino, la integración de los “opuestos” que lleva a un fin sublime.



Desde el corazón de la sahumadora surgirá la intención, fluirá a través de su brazo derecho y terminará en el recipiente del tlemaitl en cuyo vientre arden las brasas, transformando el incienso en espirales de humo blanco y aromático.
El hacer de la sahumadora y el sahumador se conoce a través de los diferentes códices, de estelas, de vestigios arqueológicos, de la tradición transmitida por generaciones y por los relatos de fray Bartolomé de las Casas y fray Diego Durán, como fuentes principales.
 “Si habían de cazar plumas, la misma liga para tomar los pájaros, la incendiaban. ...les mandaban que antes de salir de casa, sacrificasen al fuego y le hiciesen oración, y a los umbrales de las casas y, en llegando a los montes, que los saludasen e hiciesen sus sacrificios y promesas”.



    Códice Fejéváry-Mayer

Sahumar era una práctica ritual tanto en los lugares sagrados como en los hogares. La persona elegida se encargaba de ofrecer respeto y agradecimiento a las deidades, por medio del humo del copal.  
Para los antiguos mexicas, el fuego se consideraba sagrado por los dones que les brindaba. La deidad del fuego: Xiuhtecutli, unificaba, purificaba, iluminaba los corazones y las ceremonias.




En el códice Ríos se representa a Chantico, a quién se consagraba el fuego del hogar. El fuego se mantenía encendido en las viviendas y sólo se apagaba al cumplirse el ciclo de 52 años, de acuerdo a la cuenta del tiempo de los mexicas. El nuevo fuego se encendía en una ceremonia ritual, en el Teocalli en el actual Cerro de la Estrella. Práctica que aún continúa haciéndose por los abuelos de la tradición.



Ese Fuego Nuevo se llevaba a los hogares. En cada casa había un lugar reservado para los enseres de cocina y el fogón, que consistía en tres piedras colocadas de manera tal que formaran un triángulo, en su centro se colocaban las brasas. Sobre las piedras descansaba el comal y se cocinaba. Ese lugar era la morada de Chantico, el fuego del hogar.

En cuanto el Fuego Nuevo llegaba a la vivienda, la sahumadora encendía el tlemaitl, y con el humo del copal sahumaba la vivienda. Así agradecía a las deidades protectoras del lugar y de la familia que ahí habitaba. Cuando tomaban los alimentos, convidaban al fuego y le agradecían.
Al inicio y al finalizar cada día, se sahumaban las efigies de las deidades protectoras del hogar, representados en el altar de cada casa. Les mostraban su agradecimiento y les solicitaban los favores para el día siguiente. También se sahumaban los enseres del hogar y del trabajo.
El Hacer de la sahumadora era de suma importancia porque se convertía en un medio de comunicación con el Espíritu.
En otro nivel, la sahumadora trasciende el hacer cotidiano y aprende a reconocer el lenguaje nacido de la fusión entre su corazón y su intención. Eso se expresa a través del incensario, con el fuego, con las esencias aromáticas y el lenguaje del movimiento y figuras de las volutas de humo, que serán como palabras blancas dibujadas en el aire.
Todo contiene un profundo significado, se convierte en una voz sutil que indica, sugiere, ordena, purifica, anima, defiende, protege.
            El hacer de la sahumadora inicia en el momento en el que coloca los carbones en el centro del tlemaitl y los enciende con los cuatro ocotes, cada uno orientado a las cuatro direcciones, solicitando a los cuatro Tezcatlipocas le permitan trabajar con impecabilidad y así lograr la conexión con el Espíritu.
En cuanto los carbones enrojecen, deja caer sobre ellos el copal, las hierbas aromáticas y alimentará el tlemaitl el tiempo que sea necesario. Las emanaciones son de paz, benevolencia, amor, purificación. Por esos motivos, armonizan y protegen.
La sahumadora es quien recibe a la gente, irá al frente de todas las ceremonias porque es la encargada de preparar el camino, de limpiarlo. También purificará los enseres que se empleen, sahumará a cada una de las personas, por el frente y por la espalda.
Al finalizar la limpieza, cada persona le agradecerá y besará el tlemaitl en señal de gratitud y respeto. En la ceremonia del Temazcal, es su responsabilidad el sahumar el lugar, dentro y fuera del Temazcal, los enseres que se emplearán y a las personas.
            Los movimientos de tlemaitl serán circulares para unir los cuatro rumbos. Lo elevará por encima de su cabeza y lo bajará en dirección a la Madre Tierra. Con los movimientos señala la unión y comunicación entre los rumbos, el cielo y la tierra. Entre el hacer de cada uno de los Tezcatlipocas y el ser humano.
            La sahumadora establece entonces un compromiso con la tradición y con ella misma. Su tlemaitl se convierte en un instrumento precioso porque, a través de él, eleva los rezos hasta el Espíritu, establece la comunicación, mantiene la armonía, equilibra.
Cuidará del tlemaitl y no permitirá que otros lo empleen puesto que es una extensión de ella misma, un portal entre el mundo visible o del tonal, y el mundo no visible o del nagual. Al finalizar su trabajo lo limpiará con un trocito de madera y devolverá a la tierra los residuos en los que se contienen las energías absorbidas por los carbones. Lo envolverá en una tela de algodón.            
Así como en la danza el aire se representa con giros y vueltas, la tierra cuando se pisa con fuerza, el agua al zigzaguear y el fuego con brincos, la sahumadora realizará los movimientos circulares, a manera de espiral, en forma de serpiente, o posando el tlemaitl en un punto dado, obedeciendo a una intención.
            Será mediadora entre el cielo y la tierra, entre el espíritu y la materia, entre los seres vivos y los ya trascendidos. En un principio irá descubriendo paulatinamente la información, porque desde que es iniciada estará protegida por el Espíritu, cuando su intención de servir es genuina y libre de malas intenciones. Aprenderá a ver y a escuchar a través de su corazón y ayudará a sanar y liberar a otros de las energías mal calificadas.
Es un camino y partiendo de lo evidente, poco a poco se le revelará lo que las miradas cotidianas no pueden percibir. Es una senda de gran responsabilidad y enormes satisfacciones espirituales.
Para su iniciación, deberá conocer todos los aspectos relacionados con el Hacer y aceptar conscientemente el compromiso con su trabajo interno y externo como sahumadora.
Deberá pedir permiso a la Madre Tierra Tonantzin, para hacer un agujero y enterrar ahí su tlemaitl, boca abajo. Desde el momento en que remueve la tierra, le solicitará que le otorgue la fuerza al incensario, para que pueda llevar a cabo su labor. Lo dejará enterrado durante 8 días. De nuevo pedirá permiso para extraerlo y lo lavará con cuidado. Lo bañará con agua bendecida o de manantial, dejando un tanto de agua hasta que se consuma o en su caso durante 5 días más.
Al finalizar la ceremonia de velación y al momento del amanecer, manifestará al Espíritu su intención de ser portadora del fuego y afirmará su compromiso. 
            Al llegar a una ceremonia, debe presentarse ante la persona que dirige y manifestar su deseo de participar. Al ser aceptada, pondrá la rodilla izquierda en el piso y esperará la indicación para ser sahumada.
            Presentará sus respetos al altar y a los cuatro rumbos. Le será indicado el lugar que deberá ocupar en la ceremonia o para posar o “sentar” su tlemaitl o sahumador, siempre sobre un pañuelo o paliacate rojo.
            En las ceremonias nocturnas su lugar estará junto al altar, o en donde se elabora la ofrenda. En el círculo de la danza, su sahumador deberá permanecer en el centro, colocado o “sentado” sobre el pañuelo. Dependiendo de quien dirige la ceremonia, recibirá indicaciones diferentes.
           Con humildad y completa apertura, descubrirá que en cada lugar, en cada ceremonia, tendrá mucho que aprender.


Por todas nuestras relaciones. Ometeótl
Huehuexochitl Eugenia

miércoles, 19 de marzo de 2014

El retorno de las águilas y los jaguares

El Retorno de las águilas y los jaguares
De: Antonio Velasco Piña
Comenta: María Eugenia Bear Sanz
Puebla, 19 de marzo de 2014
Complejo Cultural Universitario BUAP
Mta. Ma. Eugenia Bear Sanz, Mto. Antonio Velasco Piña, Mto. José Alfonso Esparza Ortíz (Rector de la
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Dr. Jorge Flores
Citado como el fundador de “La nueva mexicanidad”, en cada latido de su corazón, me permito imaginar, resuena el mantra de Me-xhi-co.
Así percibo al maestro Antonio Velasco Piña, un incansable investigador y preclaro observador de la historia, quien nos muestra profundas reflexiones, a través de la narrativa ágil que le caracteriza.

Esta tarde, con el debido respeto y mi cariño incondicional, maestro Velasco Piña, me atrevo a decirle que usted ha participado en muchas de mis noches de insomnio, porque a partir de Regina, El retorno de lo sagrado y Tlacaélel, entre otras obras que usted ha escrito, me han llevado a recapacitar, a cuestionar mi identidad como mexicana y me han permitido establecer lazos con mi pasado histórico.
Fue en mi época universitaria, cuando aún no comprendía el significado de “el despertar de la consciencia” y cuando mi amor por Jung y la fidelidad hacia Freud hacían estragos en mi intelecto, que llegó “Regina” a mis manos. En esos tiempos de bibliotecas, de devorar artículos y hacer fila para las fotocopias, el maestro Antonio Velasco Piña sembró una luminosa semilla, primero en mi mente y más tarde en mi corazón.
Iniciaré, entonces, manifestando mi admiración y gratitud, en especial por la obra que hoy nos ocupa: El retorno de las Águilas y los Jaguares.
Una edición de: Punto de Lectura, con la tipografía precisa para no hacer gestos. La suave tonalidad del papel no agrede la vista y nos permite adentrarnos en el contenido. El tamaño de media carta y la encuadernación lo hacen transportable, además de agradecer el no tener que luchar a cada instante con el libro.
Inicia con una de las estrofas del Himno Nacional Mexicano. Letra y música que en mis tiempos nos ponía de pié y, de manera natural, hacía que lleváramos la mano derecha al pecho en señal de respeto y entrega. De ahí, el maestro Velasco Piña nos lleva a la primera reflexión: cito al autor: “México está en guerra y la está perdiendo”.



Vino a mi mente la imagen del extraño enemigo, quien además de profanar nuestro territorio, busca destruirlo. Una introducción que deja al descubierto la profunda oquedad, a la cual no queremos acercarnos, a pesar de sabernos inmersos.
¿Por qué comparar nuestro devenir histórico con el de Rusia, Japón o el Tíbet, en la particular situación de violencia que sufrimos? Fue la pregunta que me formulé al leer las primeras páginas.
El análisis acerca de la victoria de los vietnamitas ante el poderío del imperio estadounidense, señala como primer factor el liderazgo de Ho Chi Min, quien supo ganarse el respeto y la confianza de su pueblo. En el texto subrayé ambas palabras: respeto y confianza. El siguiente ingrediente fue la genialidad del dirigente militar y el tercero el repudio del pueblo norteamericano a esa guerra.
Continúa citando el evento cuando los ejércitos mongoles, comandados por Kublai Kan, intentaron invadir Japón y el emperador convocó a su pueblo y a los Samurái para hacerles frente. Velasco Piña enfatiza el poder de la oración de los civiles en los lugares sagrados. Concluye que la victoria se debió a cuatro factores.
Cito al autor: “Un gobierno que gozaba del más completo respeto y apoyo popular, un pueblo unido y dispuesto a todo para defender a su nación y la existencia de unos guerreros muy especiales, los Samurái. El otro factor, a nuestro juicio el determinante, fue la intervención de fuerzas superiores a las meramente humanas”.
Son más los ejemplos, pero los anteriores bastan para ejemplificar lo que el autor quiere hacer evidente en El retorno de las águilas y los jaguares. Más adelante apunta a que la trascendencia del tiempo y del espacio nos lleva a la amplificación de la consciencia y es cuando la mirada miope se convierte en una visión de águila. Aprender del pasado nos coloca en una posición privilegiada y el maestro menciona las influencias de diversa índole, que llevaron a la resolución de conflictos percibidos como irremediables, en otros tiempos y en otros lugares del planeta.
Aclara que un obstáculo en la resolución de la problemática del narcotráfico y de la violencia generalizada, ha sido el considerar que la historia de la humanidad transcurre de manera lineal, y con soberbia ignorancia, creemos que evolucionamos. Pero no es así.
Las aberrantes conductas criminales, la insufrible inseguridad y la devastación causada por el narcotráfico, ameritan profundas reflexiones, más allá de las críticas en la cafetería o la sobremesa familiar. Se agradece un análisis fuera del discurso político, incluso, más allá de los alegatos estériles, redundantes y trillados. Velasco Piña, a diferencia de otros autores, nos ofrece una serie de reflexiones amplificadas que proponen soluciones.
Cito al autor: “Por encontrarnos en una época predominantemente materialista, ha disminuido de manera considerable la seguridad prevaleciente en todas las épocas de máximo esplendor espiritual, de considerar que existe una intervención divina en cuanto ocurre en el Universo”.
Cito otro de los párrafos: “De igual manera, resultará necesario tomar en cuenta que existen influencias demoniacas, las cuales están teniendo una activa participación en la actual contienda entre México y la delincuencia organizada. Se deberá por tanto encontrar la forma de combatirlas y neutralizarlas”.
Aclara que será imprescindible evaluar las influencias antes de formular las estrategias y abandonar la actual, cito al autor: “ideología eurocéntrica, lineal y materialista, por una visión planetaria, cíclica y espiritual”.
El maestro Velasco Piña comenta que: “Todo cuanto existe se encuentra en un permanente estado de guerra”.
Por supuesto, desde luchar por levantarnos cada mañana y proponernos sobrevivir a los conductores del transporte colectivo, hasta llegar a los cuestionamientos existenciales de si la primigenia batalla entre las huestes de Lucifer y los ejércitos de arcángeles aún está presente.
El hecho es que, paulatinamente, sin percibirlo, nos hemos deshumanizado y perdimos el sentido de pertenencia al planeta. Un bocado para degustar, porque justo en la falta de consciencia hacia los seres vivos y hacia nuestra Madre Tierra, se finca la corrupción y la manipulación. De alguna manera hemos renunciado a la capacidad de darnos cuenta de nuestra existencia, prerrogativa del humano.
Esto se debe a que la sociedad funciona como un rebaño, cito al autor: “inconsciente, masificado y carente de valores”, la situación ha llegado al punto de ebullición y es el momento de despertar, cito al autor: “del retorno a lo sagrado”.

Las anteriores citas son un mínimo de la enorme riqueza contenida en el texto, ya que el maestro Velasco Piña expone y propone, comenta que las etapas de esplendor coinciden con el elevado número de guerreros sagrados. Las culturas en decadencia se caracterizan por la disminución en el nivel espiritual de sus guerreros. Sin embargo, los guardianes de las tradiciones preservan el conocimiento haciendo posible la enseñanza de los valores espirituales.
Velasco Piña restituye el reconocimiento al Heroico Colegio Militar, a la Heroica Escuela Naval, al también Heroico Cuerpo de Bomberos. Ellos deberían, cito al autor: “efectuar frecuentes marchas en las ciudades y regiones del país en donde la delincuencia organizada mantiene mayor presencia”. Interpreto que de alguna manera los civiles recordarían que existen instituciones capaces de hacer frente a los enemigos, porque un país “Es” del verbo Ser, gracias a sus instituciones. El autor también hace un reconocimiento a la labor, para crear consciencia, efectuada por el general Tomás Ángeles Dauahare.
Señala que, cito al autor: “Las fuerzas de las tinieblas combaten para nulificar la conciencia de la humanidad y del planeta, y las fuerzas de la luz están propiciando una auténtica mutación de la especie humana, para que ésta alcance una conciencia planetaria que le permita trascender la ilusión de la separación y comprender que todos y todo somos uno”.
Es en el capítulo IX en donde el maestro Antonio Velasco Piña nos enciende una luz multicolor para estos tiempos de claroscuro. La humanidad podrá trascender, cito al autor: “la limitada percepción individual de cada ser humano, por una unificada percepción de toda la especie”. Les invito entonces a leer El retorno de las águilas y los jaguares, para conocer el camino propuesto con la intención de superar nuestra crisis espiritual y social.
El autor, a lo largo del discurso, vincula eventos, circunstancias y desenreda la madeja de color verde, blanco y rojo. Devuelve al águila su poderío y a la serpiente su inteligencia, símbolos de la victoria en la lucha de los contrapuestos, de la batalla permanente que genera el movimiento perpetuo de la vida, que se libra sobre el árbol cósmico representado por el tunal.
El retorno de las águilas y los jaguares es un regalo para leerse en una tarde y para reflexionar durante meses.

Tlasojkamati, Ometeótl

martes, 25 de febrero de 2014

Opinión 
Murmullos de jade
El Sol de Puebla
23 de febrero de 2014
Roberto Martínez Garcilazo

Tal es el nombre de la novela de María Eugenia Bear Sanz publicada en diciembre 2013 por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. A continuación, caros lectores, presento los textos de la solapa y la cuarta de forros del libro y al final mi comentario crítico. 

Texto de la solapa: "María Eugenia Bear Sanz nació en la ciudad de Puebla. Estudió psicología y entrelazó la ciencia y la espiritualidad. La práctica de la meditación auto-elusiva la llevó a abordar la realidad desde la mirada del observador que observa al observador. Publicó los libros de cuentos Corazón de viento y Olvidaste decirme. Las novelas Aguaviento, Los muertos de mi vida, Entre las armas y la palabra (en homenaje al general de brigada Rodolfo Sánchez Taboada, 1895-1955), Déjame acariciar tu rostro (Efluvios del 5 de mayo), y La mentira de Marietta. Como guerrera de la tradición e integrante del Consejo de Sabiduría Universal y Ancestral, en su novela Murmullos de jade nos acerca a la visión de los mexicas y narra la historia de los guerreros águila y la dolorosa masacre ocurrida en Cholula." 

Texto de la cuarta de forros: "En la ancestral Cholula ocurrieron, y no han dejado de suceder, inexplicables acontecimientos. Finalmente, el tiempo es un concepto tan abstracto como la vida misma. Eso descubre Beltrán, un artista que llega a Cholula en busca de inspiración. El descubrimiento de técnicas pictóricas se convierte en la búsqueda de sí mismo, más allá del tiempo y del espacio, cuando Tonáhuac, el venerado guerrero águila, trastoca el corazón de Beltrán. Dos verdades, dos culturas, dos sangres se mezclan al momento de la imperdonable e irracional matanza y los secretos ocultos en el centro de la gran pirámide, el Tlachihualtepetl, quedan al descubierto, al menos algunos de ellos. Murmullos de jade, invita a conocer una parte de la historia de la conquista del imperio Mexica. Una historia escrita con pictogramas coloreados con sangre, con tocados de plumas, deidades de miel y amaranto, con una enorme cruz impuesta sobre la orgullosa cima del Tlalchihualtepetl, en donde en el presente, aún se escuchan los ecos y los murmullos de jade de aquellos enamorados del sol, de la luna, del universo." 

Comentario crítico: María Eugenia Bear Sanz es una valiosa narradora de México. Su novela Murmullos de jade es una obra de madurez. La narrativa de Bear Sanz torna literatura la historia de Puebla y transforma su circunstancia personal en literatura. Su aguzada capacidad de observación, su compasión y su generosidad, junto a su dedicación a la lectura y la escritura, la han transformado en una gran dialoguista y constructora de personajes. En esta novela concibe -inscrita en la tradición romántica- la vida como obra de arte y el mundo -sumándose a la poética analógica de Baudelaire-como un bosque de símbolos. La novelista explora la dimensión subterránea de la ciudad sagrada de Cholula, como antes en Efluvios... exploró los túneles de Puebla. Realiza, en Murmullos... la crónica de la matanza de Cholula de 1519, como antes en Efluvios... nos presentó la batalla del 5 de mayo de 1862. María Eugenia Bear Sanz diluye la frontera de la ficción y la realidad y nos persuade de que la pirámide de Cholula es la metáfora de nuestra espiritualidad mestiza; el símbolo del corazón dual del poblano -un hombre en permanente combate interior. 

[Murmullos de jade será presentada por Antonio Velasco Piña, Felipe Galván y Rafael Aluni, el sábado 15 de marzo, a las 11 horas, en el Complejo Cultural Universitario, en la 27ava. Feria del Libro de la BUAP] 

martes, 11 de febrero de 2014

Murmullos de Jade


En la ancestral Cholollan (Cholula) ocurrieron, o quizás debamos pensar en que no han dejado de suceder, inexplicables acontecimientos. Después de todo, el tiempo es un concepto tan abstracto como la vida misma. Eso descubre Beltrán, un artista que llega a la ancestral ciudad en busca de inspiración. El descubrimiento de técnicas pictóricas se convierte en la búsqueda de sí mismo, más allá del tiempo y del espacio, cuando Tonáhuac, el venerado guerrero águila, trastoca el corazón de Beltrán.

Dos verdades, dos culturas, dos sangres se mezclan al momento de la imperdonable e irracional matanza y los secretos ocultos en el centro de la gran pirámide, el Tlachihualtépetl, quedan al descubierto. Al menos algunos de ellos.

Murmullos de Jade, invita a conocer una parte de la historia de la conquista de uno de los imperios más grandes del pasado: El imperio Mexica. Una historia escrita con pictogramas coloreados con sangre, con tocados de plumas, deidades de miel y amaranto, con una enorme cruz impuesta sobre la orgullosa cima del Tlachihualtépetl, en donde en el presente, aún se escuchan los ecos y los murmullos de jade de aquellos enamorados del Sol, de la Luna y del Universo.
       Algún día se incendiará mi corazón y seré tierra, seré viento, seré fuego. Poco a poco mi rostro se perderá en las memorias de quienes me conocieron.
       Murmullos de Jade, de María Eugenia Bear Sanz, se presenta el 15 de marzo (2014) a las 11 am. en el Complejo Cultural Universitario. Comentan: Mto. Antonio Velasco Piña, Mto. Felipe Galván y Mto. Rafael Aluni.
       Nos invita la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla a través de la Dirección de Fomento Editorial y dentro de la Feria Nacional del Libro. 

       

viernes, 29 de noviembre de 2013

Mirada ecológica

Foto: Celina P. Melero
Hace tres décadas llegué a una casa que ostentaba el nombre de Oikos en la fachada. Supe que en griego antiguo significaba “casa”. Ahí tenía su oficina el padre Jesuita, Dr. Valerio Ortolani.
A pesar de estar dentro de la ciudad (23 Poniente) y rodeada de cemento, se abrió ante mí la ventana a un mundo diferente, jamás imaginado.
Dos temas me acercaron a él. El primero era el interés por conocer las técnicas psicológicas de manejo grupal, que él empleaba, y el segundo se relacionaba con la tanatología. En los años 80 y algo, ambos eran temas poco conocidos y aún menos abordados.
Ya en 1869, el biólogo alemán, Ernst Haeckel, había estudiado la biología de los ecosistemas empleando el término “ecología” y al parecer, fue casi cien años después cuando los científicos pusieron de nuevo la mirada en el tema.
Regresemos a 1985, cuando a pesar de ser una mamá joven, con tres hijos, tenía a mi favor el título de maestría en Psicología Clínica y una “amplia” experiencia en la práctica clínica hospitalaria y particular. En esos años mi ego me precedía y en cuanto el padre Ortolani me puso enfrente las voluminosas carpetas con la información que él había recopilado para su libro: Personalidad Ecológica, me di cuenta que yo no sabía nada de nada.
El padre Ortolani, como yo le llamaba, quería mi opinión acerca de su trabajo y me había elegido como lectora de esos apasionantes escritos. Debo mencionar que en 1985, no contábamos con computadoras y bancos de información como los actuales. Nos rodeaban los libros, nos agobiaban los papeles, nos torturaba la máquina de escribir y los papelitos correctores, y eran indispensables las visitas a las bibliotecas.
Era claro que no tenía los conocimientos ni la experiencia para opinar, sólo me restaba ser honesta y aprender de ese hombre todo lo que pudiera.
Sin éxito, he buscado una fotografía del padre Ortolani, por tal motivo haré un descripción de acuerdo a como ha quedado en mi memoria, porque una de las bondades de esos años era la de guardar las imágenes dentro de uno mismo.
Un hombre alto, de más de 1.80 de estatura, fuerte y a la vez esbelto. De pelo cano y lacio peinado hacia atrás. Siempre vestía de traje. Caminaba ligeramente encorvado, intuyo que más por una actitud reflexiva que por un problema en la columna vertebral (mi apreciación). Su castellano era intachable y conservaba un tenue acento italiano. Bondadoso, paternal, paciente, de brillantes ideas y profunda sencillez. Mucha gente lo visitaba para pedir consejos o por cuestiones profesionales.  
El borrador del libro me introdujo en el trabajo que el padre Ortolani tenía destinado para mí. Consistió en diseñarle ejercicios para llevarlos a cabo en los grupos de superación humana (así les llamábamos en esos tiempos).
El contacto con la naturaleza era primordial. La cercanía con el mundo natural debía funcionar como un vehículo que acercara a las personas a su Yo interno y de ahí a la fuente divina.
La idea me entusiasmó. Transformé varios de los ejercicios aprendidos en bioenergética y luego los de gestalt, pero antes debía probarlos en mí y en quienes quisieran colaborar conmigo, en este apasionante camino. Así fue como inicié mis diálogos con las flores, la atención profunda en el viento, la lluvia. La interpretación de las sombras y mi reflejo en espejos de agua. Me abracé a los árboles, rodé por el pasto, me empapé en las tormentas y helé mi piel con el granizo.
Fue una época de jugar con mis hijos en el lodo, de brincar en los charcos, de recorridos en bicicleta a la orilla del mar, de observar a las golondrinas, a las hormigas, de montar a caballo y quizás de parecer ante los demás como un poco loca y un poco bruja. En esos años, las terapias grupales y las actividades de contacto con la naturaleza no eran muy bien vistas, o bien, poco comprendidas.
El padre Ortolani incluyó dentro de su programa varios de mis ejercicios. Funcionaron tanto en mí como en las personas que tuvieron el privilegio de participar en los grupos del padre Ortolani, en el Bosque de Manzanilla (ahora extinto).
El punto básico era crear consciencia de que formamos parte de un plan divino que incluye el mundo vegetal, el mineral y el animal. Nada se encuentra separado y nuestra casa es el planeta. Crear los vínculos con la naturaleza lleva al equilibrio, parentesco cercano que en algún momento de nuestra historia se olvidó.
El siguiente paso conducía a la consciencia de pertenencia a un sistema planetario y de ahí al universo. La personalidad ecológica lleva a la trascendencia.
Ahora, en retrospectiva, reconozco que el Dr. Valerio Ortolani fue uno de los pioneros de la ecología, en la ciudad de Puebla. Un visionario que me llevó a descubrir un territorio sin fronteras, permitiéndome comprender la muerte a través de la vida, la trascendente, la que vibra más allá de la persona.
La finalidad de la ecología es observar y comprender la manera en la que se relaciona cada elemento del mundo natural o sistemas del medio ambiente. Nosotros formamos parte de ese mundo y al regresar al origen, se restablece el balance entre la mente, el cuerpo y el espíritu. La naturaleza es la gran enciclopedia, una vez abierta y comprendido el lenguaje básico, no podremos dejar de aprender.
Los ecologistas verdaderos promueven la reanudación del vínculo Mujer-Hombre-Madre Tierra. En la medida que seamos conscientes de esto, respetaremos y cuidaremos nuestra gran casa, porque sin ella, no existiríamos.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Corazón arrebatado



“Corazón arrebatado” Novela sobre la vida y milagros de Catharina de San Juan, la China Poblana”, es el título del libro escrito por dos entrañables amigas: Martha Porras de Hidalgo y María Alejandra Domínguez Sánchez, publicado por la Editorial Porrúa.
Las autoras me honraron al invitarme a presentar la obra en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, el próximo 2 de diciembre de este año 2013. Desafortunadamente (palabra larga, tanto como mi desencanto al no poder asistir), no me será posible acompañarlas y les comparto esta exposición en la intimidad de la red. 
Dirigiré ahora mis libres asociaciones al contenido; lo escrito, lo faltante, lo intangible. Lo haré en desorden, tal y como nos aproximamos a un bufet en donde todo nos despierta el apetito. En Corazón arrebatado, la historia y la manera de escribirla son un manjar para todo tipo de paladares.
Inicio la degustación con el título que describe el sentir de la China Poblana (me permito llamarle así), porque en un éxtasis espiritual su corazón quedó atado a propósitos divinos. Y también creo que arrebató el corazón de las escritoras puesto que se atrevieron a deshacer, por centurias, lo tejido en el imaginario nacional. 
Se combinó la historia con la imaginación de las autoras, al igual que los sabores de los diferentes chiles, chocolate y especies, del mole poblano, servido en un plato de talavera.
Catharina de San Juan, oriunda de la India del gran Mogor, llegó a tierras novohispanas en la segunda década del siglo XVII, cuando aún era una niña. “Puebla seguía siendo una pila de agua bendita en donde iban a rezar las almas”(cito a las autoras), y nuestra pequeña China Poblana se zambulló en ella. Aún palpitaban en su mente los recuerdos de la persecución de los mogoles en Delhi; de los vestidos adornados con cuentas de cristal que su madre le confeccionaba; de la cueva repleta de víboras en donde se escondió para escapar de un matrimonio acordado; de la travesía en el barco comandado por  piratas. “Ese tallo de jazmín pequeño que en cualquier momento puede ser deshojado, incluso con el soplo del viento. ¿Le importaría yo a alguien, entonces? ¿Me reconocerían mis padres si me vieran así, tan acabada, tan humilde, otra?” (cito a las autoras)

En algún lugar en Asia, los jesuitas la bautizaron como Catharina de San Juan, “su nombre anterior no interesaba” (cito a las autoras), como tampoco les interesó a quienes la conocieron, lo que dentro de su alma bullía. Sólo su confesor, el padre Alonso Ramos, la escuchó, guió sus piadosos o fanáticos pasos, en la dirección correcta, la del deber católico. El clérigo documentó las pláticas llegando así la información, más de trescientos años después, hasta las manos de una de nuestras autoras: Martha Porras de Hidalgo.
Interrumpo aquí para apuntar que hasta la publicación de Corazón arrebatado, la mayoría de poblanos (y compatriotas) estábamos seguros que nuestro personaje era una china envuelta con una vistosa falda. Esta es una muestra de los muchos errores que han trascendido generaciones desvirtuando la verdadera esencia de la China Poblana, quién no fue China sino nacida en la India; una virtuosa representante de un linaje noble que vio escindidas sus raíces, adoptando por la fuerza un nombre que nada tenía que ver con su origen.
Las autoras nos señalan como nuestra entrañable China Poblana fue capaz de amar al prójimo mucho más que a sí misma; defendió las virtudes a costa de su vida; fue capaz de manejar la alquimia en la cocina; de “ver” lo que otros ojos eran incapaces de percibir y, quizás, la decisión más valiosa de su vida fue la de advertir y con ello salvar la vida de uno de los hombres ilustres de nuestra querida Puebla de los Ángeles: el Obispo Juan de Palafox y Mendoza.
Escuchemos las voces de las autoras: “Tendría que internarme en las calles, como en un laberinto andar descalza entre piedras agudas que rompen la piel y queman el corazón y quizás descubriría que los míos han muerto de dolor esperando con los ojos puestos en el mar a que vuelva. ¿Cuántas veces en sueños no he regresado hasta ellos? ¿En cuántas noches no he llegado hasta el huerto de naranjos de mis amados padres?”

Corazón arrebatado también nos recuerda la época en la que los viajes del Galeón de Manila o La Nao de China, fueron decisivas en la economía novohispana por el intenso intercambio de mercancías entre Oriente y México. Cientos de familias se reunían en el puerto de Acapulco o en el de Las Peñas (hoy Puerto Vallarta), para ver la llegada de las imponentes naves españolas que cruzaban el océano Pacífico y traían desde Manila, las exóticas mercancías. Sedas, porcelanas, especies y esclavos. Un detalle que ignoramos o deseamos no conocer: el tráfico de esclavos entre las pudientes familias, en la sociedad novohispana, que aún se sumergían en la pila de agua bendita para ahogar ahí sus faltas. Fue hasta la guerra de la Independencia cuando la Nao de China suspendió sus viajes.

Alejandra y Martha, entre metáforas y símiles, aportan información valiosa, tangible. Nos regalan su sensibilidad como escritoras y lo faltante, como apunté al inicio, lo diré sin temor a equivocarme. Falta señalar el entusiasmo, el amor por Puebla, la investigación seria y comprometida de dos valiosas amigas y escritoras.

Corazón Arrebatado le precede la novela de Carmen Serdán; ambas deben ser leídas por quienes gustan de llevar a la boca del intelecto y del alma, un platillo exquisito.

Enhorabuena por el éxito y las acompaño aún en mi ausencia. Ma. Eugenia Bear Sanz